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sábado, abril 18, 2009

Colores y esperanzas, el vicio.
Amores y desgracias, el vacio.
Soles y flores, daños y dolores, muertes y pájaros.

Son las horas más dificiles, en las que no puedo pensar en nada. Cuando anochece.
No puedo ver, ni pensar, ni callar.

Amigos, iconos, plastilina y mierda. Mierda y hierba. En tus manos. Has hecho la voltereta y te has llenado de tierra. Ven, que te limpio.

Mar salada y arena caliente, y manos pegajosas, y cuerpos brillantes, y cuerpos tristes, y lluvia en la cara. Y la boca, en la cara, grita. Grita tu nombre, Horacio. Si, es Horacio.

Y te pican los ojos, es de la sal y del sol y de la canción. De la canción. Y lo peor es que no te la sabes, porque en realidad no la soportas. No eres capaz de escucharla entera, porque la primera frase te destroza. Te da tanta pena que te destroza.

Cantemos, saltemos, follemos. Salgamos al patio y corramos entre los demás, con los brazos estirados, al viento, y volemos, y caigamos. De morros Horacio, contra el suelo. De lleno.

Es la luz, la de tus pupilas, que son transparentes y que absorben todo lo que tocan, absolutamente todo. Se lo tragan, cae al fondo, al interior de ti mismo.

Y es el final, porque ya no hay luz, y en tres minutos ya no se podrá pensar, ni escribir, ni vivir. Así que, fin.

1 comentarios:

Blogger peyote ha dicho...

Según se por tu perfil; felicidades, mayo, es un buen mes para bloguear.

Saludos.

18:42  

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